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martes, 5 de marzo de 2013

Tolkien y Jlin



Heme aquí en estas soledades, con un teclado, una página en blanco y la semana de la Fantasía al alcance de mi mano...

...¿Cuándo pisé la Tierra Media por primera vez? Me resulta difícil recordarlo, pero a buen seguro no tenía más de 12 años cuando un libro con una extraña portada y un nombre aún más extraño cayó en mis manos: se trataba de El Hobbit, de la editorial Minotauro, escrito por un tal J.R.R Tolkien.
Al igual que Bárbol la primera vez que se topó con Pippin y Merry, nunca había oído hablar de los hobbits, pero en cuanto me adentré en el acogedor agujero en el que vivía el tal Bilbo Bolsón me sentí como en casa y me resultó imposible separarme de él. Ni de lejos podía imaginar lo que me esperaba junto al señor Bolsón, la compañía de enanos de Thorin Escudo de Roble y Gandalf. Como todas las cosas con las que disfrutamos en esta vida, aquel excitante y largo viaje pasó volando y cuando quise darme cuenta estaba despidiéndome de Erebor y de regreso en Bolsón Cerrado.
Y como suele pasarme cuando vuelvo de uno de estos fantásticos viajes, una cierta melancolía me embargó al pensar que jamás volvería a experimentar la sensación de recorrer aquel maravilloso y fantástico mundo que el señor Tolkien me había regalado. Nada más lejos de la realidad, y es que aquel chaval que era yo, no podía imaginar lo increíble y fabulosa que era la realidad que aquel hombre había parido.
Y abrí otro libro, El Señor de los Anillos, cuyo comienzo, con una extraña leyenda me dejó helado y me atrapó por igual:

Tres anillos para los reyes elfos bajo el cielo, siete para los señores enanos en casas de piedra, nueve para los hombres mortales condenados a morir. Un para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras. Un anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas, en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras.

Y ahí, ante aquella página que ni siquiera iba numerada, justo antes del prólogo que habla sobre los hobbits, me rendí incondicionalmente ante John Ronald Reuel Tolkien y su magna creación. Sabía que aquel enorme libro divivido en tres tomos me iba a gustar... y vaya si lo hizo. Y lo mejor de todo es que el bueno de Tolkien, siempre perfeccionista, no quiso dejar nada al azar y se dedicó a crear, a imaginar, todo un mundo de fantasía desde sus mismo orígenes. Tras leer El Señor de los Anillos quería más, necesitaba saber quien era Elendil, qué era Númenor, cuantos años tenían Elrond o Galadriel y que maravillas habían visto, cómo las minas de Moria se había convertido en morada de orcos y de un Balrog, quiénes era realmente Gandalf o Sauron, quería conocer al detalle la historia de amor de Beren y Luthien... quería saberlo todo.
Pedid y se os concederá...
Y así fue como a mis manos llegó El Silmarillion, un libro que, lo admito, me costó leer la primera vez que lo hice, al poco de terminar El Señor de los Anillos. Con apenas 14 años esperaba otra novela, diálogos y aventuras, orcos, elfos , hombres, batallas, reinos perdidos y renacidos... y todo eso está en El Silmarillion pero contado de otra manera. Con 14 años no supe apreciar la belleza del principio de la creación en la Música de los Ainur, no me percaté de la importancia de la rebeldía de Melkor, el futuro Morgoth un señor oscuro mucho más temible y temido que Sauron, no me deleité como lo he hecho muchas veces después en las diferentes edades de Arda.
Y pese a todo estuve allí cuando a orillas de la laguna de Cuivienen depertaron los Elfos inmortales y los hijos de Ilúvatar hollaron por vez primera Endor, la Tierra Media, cuando Varda iluminó el cielo con millones de estrellas. Y después, cuando al comienzo de las edades del Sol llegaron los hombres, los segundos nacidos, los Edain. Y combatí con ellos en las cinco grandes batallas que desgarraron Beleriand y lloré especialmente con las victorias del enemigo. Recostado en mi cama me eché a temblar cuando las tropas de Morgoth rompieron el sitio de Angband y hordas de orcos capitaneadas por un ejército de Balrogs hicieron retroceder a los ejércitos de elfos y hombres. Y allí estaba también Glaurung, el padre de todos los dragones, antepasado de Smaug el dorado, escupiendo fuego y dolor y liderando a sus vástagos en aquella terrible Dagor Bragollach a la que su temible fuego y el de los Balrogs dio el nombre de Batalla de la Llama Súbita.
Y qué decir de las Lágrimas Innumerables. Qué decir de la impresión que me causó aquella Nírnaeth Arnoediad, aquella batalla que parecía suponer el triunfo definitivo de Morgoth sobre los pueblos libres de Beleriand. Pero cada vez que miro a Venus, el lucero del alba o del ocaso, recuerdo que no es sino el reflejo del Silmarill de Eärendil, el marinero, que navegó hacia lo imposible, hacia Valinor, para pedir ayuda y desatar así la cólera de los Valar. Pues no fue sinó la Guerra de la Cólera lo que sobrevino después y en aquella terrible confrontación Beleriand se perdió y de sus cenizas surgieron nuevos reinos, nuevas tierras como Númenor, la Atlántida de Tolkien, de la que partieron Elendil y sus hijos Isuldur y Anarion ante de la caída...

Tolkien es para mi sinónimo de Fantasía, empecé a leerle de niños, seguí de adolescente y continuo de adulto. Puedo haber leído el Senor de los Anillos o El Silmarillion diez o doce veces, no lo sé, y cada vez me gustan más. Hay quien identifica Fantasía con infancia y considera que eso de imaginar, de viajar a lugares como la Tierra Media es cosa de niños, indigna de un adulto hecho y derecho. El día que pierda la ilusión por viajar a Númenor, por visitar la Comarca o cabalgar junto a los jinetes de Rohan, ese día habrá muerto una parte vital de mi ser... pero hoy no es ese día.
Hay y ha habido muchos otros autores dentro del género, en los últimos años sin ir más lejos el señor George .R.R. Martin, de cuya Canción de Hielo y Fuego soy devoto lector, pero admitámoslo, nadie se acerca ni de lejos a la capacidad creativa e imaginativa de Tolkien. Nadie ha sido capaz de crear idiomas y una mitología tan compleja, vasta y completa que parece convertir lo fantástico en real... y es que tal vez, sólo tal vez, la fantasía no es sino una forma diferente de percibir la realidad y no algo ajeno a ella.

domingo, 18 de marzo de 2012

De olvido y amor...

Dedicado todos los que aman y cuidan de sus seres queridos aunque estos les hayan olvidado

miércoles, 1 de febrero de 2012

Preguntas y respuestas (9)

¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos y morirnos de la risa? Yo por lo menos lo he intentado diez veces (o mil, ya no me acuerdo) y nada. Basta que alguien se acerque a mi con la mera idea de hacerme cosquillas y ya estoy partiéndome de la risa, pero yo mismo no puedo provocarme la misma reacción... que desastre.

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¿Alguien se ha fijado en la cantidad de alimentos que llevan maíz o derivados del maíz? Hasta a los peces de muchas piscifactorías se les alimenta con maíz. Es como vivir en un inmenso maizal, todo lleva maíz. Yo me pregunto que pinta el maíz en una hamburguesa, un filete de rosada congelado o un helado de chocolate. Algo oscuro se oculta tras esta conspiración, os lo digo yo. Tanto maíz no puede ser bueno. El problema de la comida basura es que lleva maíz, no que sea basura.

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Hoy he visto una pequeña araña en mi servicio, que para quien no lo sepa es el Servicio de Medicina Nuclear... ¿Lo pillais? Araña, radiación... Holaaaaaaa... Spiderman ¿Será posible que si busco a la araña y ésta, por algún casual, ha absorbido parte de la radiación con la que trabajamos, me pique y me convierta en algo así como SpiderLin? Supongo que es más probable que la radiación haya dañado mi ya de por si defectuoso cerebro pero nunca se sabe... eso si, olvidaos de las mayas, que uno tiene su orgullo personal y un cierto sentido de la decencia.

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¿Para qué tenemos una gramática de la lengua castellana? Uno podría pensar que para nada. Ayer me llaman de Simyo para realizarme una breve encuesta telefónica a la que yo, gratamente, accedí. Al finalizar, la tipa que me atiende me da las gracias por haber "respuesto" a sus preguntas... Y aquí no ha pasado nada, paz y gloria. Si habéis pasado por facebook ya habréis visto esta misma anécdota... que le voy a hacer, mis ideas ya no son lo que eran y es que a fuerza de tanto blog y tanta red social uno ya no puede ser original en todos los ámbitos.

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¿Se puede matar a alguien por guarra? Ya imagino la respuesta, pero es que la semana pasada vino un paciente a realizarse una prueba y conforme entraba en la sala para proceder, gira la cabeza, carraspea de una manera repugnante, como si el mismísimo Satanás pugnara por salírsele del gaznate, y lanza un gargajo así de grande, así de denso, así de verde y así de asqueroso. Tuvieron que sacarme de la sala por que estuve a punto de decirle más que a un perro. Luego quise preguntarle se hacía esas cosas en su casa, pero me contuve ya que es más que probable que me dijese que si. Que asco.

sábado, 28 de enero de 2012

La pasión de José Antonio (José María Zavala, 2011)



Me encontré con este libro de casualidad, en una tertulia televisiva donde entrevistaban al autor, José María Zavala, con motivo de su próxima e inmediata publicación. Me llamó la atención el título y, evidentemente, el protagonista, una figura tan desconocida como manipulada por unos y por otros y por la que, no me avergüenza decirlo, siento una atracción especial. 
Si preguntas por ahí quién fue José Antonio Primo de Rivera y Saenz de Heredia escucharás muchos tópicos, buenos y malos, pero tópicos al fin y al cabo. Pocos en este bendito y caótico país saben algo de este hombre, abogado de profesión, por cuyo indulto clamaron personalidades como José Ortega y Gasset,  Miguel Maura, Joaquín Chapaprieta e, incluso el presidente de la República Manuel Azaña. El entonces ministro de la Guerra, el socialista Indalecio Prieto, trató por todos los medios de salvar su vida y lo consiguió en agosto del 36, cuando estuvo a punto de ser ejecutado, pero nada pudo hacer en noviembre, tras el "juicio" a la que fue sometido el líder de Falange.
El libro de José María Zavala es, sin embargo, una fantástica aproximación al hombre dejando de lado al símbolo, al mito creado post mortem y con el que el propio José Antonio no se habría identificado. Según reza la contraportada, en palabras de Pilar Primo de Rivera, su hermana, "A fuerza de querer exaltar la figura de José Antonio, hemos llegado a hacer de él casi un mito. Y, a mi modo de ver, su mayor importancia radica en que era un hombre como todos los hombres, capaz de debilidades, heroísmos, caídas y arrepentimientos"
Sus amores, su vida personal y profesional y sus actividades políticas, llenan las páginas de este libro en el que lo mejor, sin embargo, se reserva para el final. Un relato magníficamente documentado de los últimos meses de su vida, de los diversos intentos por salvarle la vida tras la sublevación militar de julio de 1936 y el vergonzoso juicio que le condena. Zavala ha encontrado testigos y testimonios de excepción, que hasta ahora habían permanecido ocultos en las entrañas del Archivo Histórico Nacional y otros particulares, y nos ofrece una imagen veraz y desoladora del terror que imperó en aquella España dividida y maltrecha. Las descripciones del ciudadano uruguayo Joaquín Martínes Arboleya, testigo involuntario de aquellos terribles días, son terribles y demoledoras.
José Antonio fue una persona culta e íntegra, diputado independiente por Cádiz en 1933, y de firmes convicciones con las que uno puedo o no comulgar, pero jamás fue un exaltado ni un fanático y prueba de ello son las muchas y muy cualificadas y respetadas voces que se escucharon tratando de salvar su vida. No imagino a Ortega y Gasset pidiento el indulto para un vocinglero fanático y radical, ni al presidente de la República (Azaña), ni al ministro de la  Guerra (Prieto) Otros en cambio, que luego utilizaron su figura descaradamente, como Franco, se mostraron más bien tibios. Primo de Rivera no sentía ni aprecio ni respeto por Franco y éste desconfiaba del enorme carisma del joven político. 
Que José Antonio defendía una sublevación es un hecho. Igual que lo hacía, por ejemplo, Francisco Largo Caballero cuando hablaba de la necesidad de una "revolución socialista" como la que se desarrolló en Asturias en 1934. En aquella España, abocada al desastre, estos planteamientos no eran escasos e izquierdas y derechas estaban convencidas de que sólo podrían sobrevivir si se hacían con el poder por la fuerza. Los políticos de aquel entonces eran hijos del momento histórico que les tocó vivir. 
Al igual que José Antonio, Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno en el momento de la condena y ejecución de éste, fue juzgado por conspirar y liderar la revolución del 34. La diferencia entre ambos fue que Largo Caballero tuvo dos juicios justos y legales y fue, finalmente, absuelto en diciembre de 1935. A José Antonio lo juzgó una farsa de tribunal, que entró en la sala con el veredicto decidido de antemano para él y su hermano Miguel. Ambos debían morir. Espectacular debió de ser la defensa que realizó el propio José Antonio ante un jurado compuesto por miembros de la CNT, UGT y comunistas, cuando consiguió, por lo menos, salvar la vida de su hermano.
Al margen de sus ideas, Primo de Rivera no tuvo un juicio justo, ni siquiera un juicio propiamente dicho, y desde su detención hasta su ejecución, todo fue una triste pantomima en la que las instituciones del Estado, de la República, habían sido obligadas a ceder ante el terror de las milicias que ejecutaban sin miramientos a cuantos consideraban sospechosos. Alicante vivía inmersa en el Terror y el empresario Joaquín Martínez Arboleya, atrapado en aquel caos, fue testigo de la ejecución de José Antonio:
"José Antonio recibió la descarga en las piernas, no le tiraron al corazón ni a la cabeza; lo querían primero en el suelo, revolcándose de dolor. No lo lograron... cayó en silencio, con los ojos serenamente  abiertos. Desde su asombrado dolor miraba a todos sin lanzar un quejido, pero cuando el miliciano que mandaba el pelotón avanzó lentamente, pistola amartillada en mano y encañonándolo en la sien izquierda, le ordenó que gritase ´Viva la República´ recibió por respuesta otro ´Arriba España´... Rodeó el miliciano el cuerpo del caído y apoyando el cañón de la pistola en la nuca de la víctima, disparó el tiro de gracia"
Es este un libro para ser leído sin prejuicios políticos, a mi me ha parecido evidente que el autor siente una cierta simpatía por el protagonista, pero ello, en mi humilde opinión, no altera ni desde luego invalida la excelente tarea de investigación que Zavala ha llevado a cabo. Un muy buen trabajo que ayuda a conocer a un hombre verdaderamente desconocido.
El famoso dirigente anarquista Buenaventura Durruti opinaba así sobre José Antonio Primo de Rivera: "Considero una insensatez y un error capital condenar y fusilar a José Antonio en estos momentos. Sinceramente, y hablando entre nosotros, no reconozco ninguna razón o pretexto que aconseje, y mucho menos justifique, tan precipitada e insólita decisión. Con su muerte, si es que llega a consumarse, morirá también  toda esperanza de reconciliar a los españoles antes de muchas décadas"
Años después el que fuera líder del Partido Comunista, Julio Anguita, dijo de José Antonio: "Él supo llegar al problema de España, al definirla por carencia, por vacío. Al no poder decir que España era una razón geográfica o un determinado proyecto histórico dijo: ´España es una unidad de destino en lo universal´. Yo he utilizado este concepto varias veces. Él fue, además, un individuo con una concepción estética de la política y de la muerte."
Aunque en Historia nunca se sabe y sólo podemos especular con qué hubiera sucedido, Salvador de Madariaga, real académico de la Historia, dijo también al respecto: "Fue muy de lamentar que fracasáramos todos en salvar a un hombre que, quizá, hubiera podido cambiar la historia de España si hubiera vivido. Los responsables de la ejecución fueron unos insensatos."
Estos testimonios y otros muchos que se recogen en el libro, son una pequeña muestra de que la figura de José Antonio Primo de Rivera es una gran desconocida. No fue sólo el fundador de Falange, un partido nacional sindicalista, mucho más cercano a las posiciones socialistas, en palabras del propio Indalecio Prieto, de lo que la mayoría supone; José Antonio era una auténtica personalidad política, respetado por (casi) todos, un humanista de amplias miras cuya principal preocupación fue algo que hoy suena lejano, banal incluso, su país, su nación, España.

jueves, 26 de enero de 2012

Que pesadita la señora Lagarde



Que sí, que estamos en crisis, que ya lo sabemos, que no hace falta que nos recuerden cada dos por tres lo jodidos que estamos. Que ya sé que hasta dentro de no sé cuantos años vamos a estar comiendo mierda… ¡¡ pero coño, déjame vivir en paz !!    
Si es que no pasa un día sin que algún pintamonas, especialmente del Fondo Monetario Internacional, diga que España va a estar en recesión hasta, por los menos, 2013. Vale ya lo pillo, no soy tonto. Esta mañana en la radio… otra vez: Christine Lagarde (presidenta del FMI) con la misma cantinela. No he podido evitar pensar lo pesada que es esta señora y lo pesados que son todos los que nos repiten una y otra vez lo mal que estamos, así que, ni corto ni perezoso me he ido a la web del FMI, a la sección de contactos (nada que ver con putas.. creo) y he enviado un mail, escueto pero simple, que es el que sigue:

                “Estimada señora Lagarde. El motivo del presente correo es comunicarle que en España no estamos del todo tontos y  somos muy conscientes de lo mal que están las cosas así que no hace falta que nos lo recuerden cada dos días. Imagine usted, mi buena señora, que le diagnostican un cáncer de difícil tratamiento y le dan seis meses de vida ¿Acaso le gustaría que yo le llamase cada dos días para recordarle lo enferma que está o me pusiese a gritar por el balcón que se va a morir en seis meses? ¿A qué no? ¿A que no le haría ninguna gracia? Por la misma regla de tres le rogaría, por favor, que se abstuviese de proclamar a los cuatro vientos, día sí y día también, que la crisis en España durará mucho. Sinceramente, y le ruego que acepte este comentario con todo respeto, estamos un poquito hasta las narices de escucharla comentar las mismas cosas todos los días. Si no tiene nada nuevo que aportar, mejor cállese. En este país en crisis tenemos un dicho: Al buen callar le llaman sabio.
                Sin más que añadir me despido atentamente no sin antes recordarle que le deseo lo mejor en su salud y que el ejemplo del cáncer era sólo eso, un ejemplo,

              Desde España, siendo muy consciente de que la crisis va para largo, le saluda atentamente
              
              José Guix”

Imagino que mi correo no llegará a la buena señora Lagarde pero, qué carajo, había que intentarlo, que para pesados yo, cada vez que la escuche repetir la mierda de la recesión... copia y pega y correo que te casco. A ver si se callan de una vez.

lunes, 23 de enero de 2012

Baba Yaga


En lo más profundo de los más profundos y frondosos bosques rusos su nombre aún es temido. Los más ancianos se santiguan y recitan paganas plegarias para protegerse de ella. El rumor del viento trae consigo los lejanos ecos de una extraña risa mientras las madres aferran a sus hijos con fuerza, los tiernos niños que anhela la bruja, la Baba Yaga. La bruja del este de Europa, la bruja que recorre los bosques sobre un mortero de cambiantes formas, remando al viento, seguida por una extraña y poderosa casa que camina sobre dos inmensas patas de gallina. Reíros. Adelante hacedlo, reíros, pero no digáis que no os advertí. La Baba Yaga es cruel y vuestra incredulidad no os salvará de ella. La Baba Yaga es real y deberíais temerla.
Una cerca de cráneos humanos, pequeños e inocentes cráneos humanos, rodea su ambulante morada. Cráneos alumbrados por velas que la bruja oculta en su interior y que proyectan macabras y sombrías sonrisas que reciben a los desventurados que terminan ante sus puertas. 
Los niños son su festín. Sus afilados dientes quiebran carne y hueso por igual. El llanto no la conmueve pues Baba Yaga desconoce el significado de la palabra compasión. La Baba Yaga no es humana y está maldita, su hambre atroz no tiene fin y su aspecto es dantesco y aterrador. Una vieja huesuda y esquelética, de piel acartonada y rígida, que riega con su malévola carcajada los bosques de Rusia.
Si por azar, el destino cruel te llevase a encontrar su casa, Baba Yaga te hará una pregunta: "¿Vienes aquí, a mi morada, por propia voluntad o acaso alguien te ha enviado?" Medita bien tu respuesta pues de ella depende tu vida. Baba Yaga siente predilección por los niños pero no pienses que por ello va a desaprovechar tu carne. 
Domina los elementos y ciertos espíritus inmundos que habitan su casa le sirven. Tres, sin embargo, son sus principales lacayos, tres jinetes que idolatran a su madre: Blanco, Rojo y Negro. No tienen nombre salvo el que les da el color de sus capas. Apuestos jinetes de aviesas intenciones y podridos corazones. Hijos de un mal ancestral, de una de los primeras y oscuras hijas de la tierra ¿Quién sabe cuándo y cómo nació la Baba Yaga? Tal vez puedas preguntarle si la ves.
No ruegues por tu vida a Baba Yaga. Busca en tu corazón, pues sólo los puros de espíritu, los virtuosos, las almas cristalinas, están a salvo de ella. Ante un ser así la bruja no tiene poder, no siquiera el de golpearte con su mazo o con la escoba que usa para remar. Si la luz brilla en ti estás a salvo, si no estarás a su merced...

domingo, 22 de enero de 2012

Nos contra el mundo, el mundo contra Nos


Se dice de Felipe IV que era un tipo lacónico, conciso y callado, tímido incluso. Durante su reinado el conocido como Rey Planeta, vivió los momentos más duros que la Monarquía Hispánica hubo de soportar durante el gobierno de la Casa de Austria. 
A mediados de la década de los 30 del siglo XVII la Monarquía Hispánica agoniza batallando en múltiples frentes contra casi toda Europa, escasos y débiles los aliados, muchos y poderosos los enemigos. Aún así los Tercios siguen siendo temidos y odiados a partes iguales, el Imperio ultramarino, mal que les pese a ingleses y holandeses, malnacidos corsarios y piratas, sigue intacto (y así se mantuvo hasta la independencia de las colonias) Es tal el prestigio de la Monarquía que la todopoderosa Francia de Luis XIII y el cardenal Richelieu se mantiene al margen de la guerra, esperando el momento definitivo para apuntillar el poder de Felipe IV cual buitre que espera la muerte de su presa. Ese momento llega en 1635 y fue provocado, irónicamente, por una gran victoria española.
En el año de 1634, las armas católicas al mando del Cardenal Infante Fernando de Austria, hermano del Rey de España, y un ejército imperial alemán, barren del campo de batalla de Nördlingen al ejército sueco, aliado de Francia. El bando protestante pierde el control del sur de Alemania y Richelieu decide que ha llegado el momento de intervenir antes de que sea demasiado tarde.
Don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares y duque de  Sanlúcar la Mayor, valido de Felipe IV, recibió la noticia con resignación, pues como gran estadista sabía con certeza que Richelieu no iba a quedarse de brazos cruzados antes el gran conflicto que asolaba Europa. Cuentan que dijo: "O lo perdemos todo, o Castilla se convierte en dueña del mundo" Pero Castilla no puede sustentar semejante esfuerzo bélico y económico. Castilla está exhausta y necesita ayuda. El Conde Duque es consciente de que están más cerca de perderlo todo que de dominar el mundo. Contra Francia tal vez, pero Francia se unía a una larga lista de enemigos: Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, los príncipes protestantes alemanes... 
Aún así la Monarquía encaja el golpe, asume la nueva situación... y pelea. En 1635 tropas españolas y alemanas derrotan a los franceses en la batalla de Corbie, poco después el Cardenal Infante se planta ante las puertas de París. De un plumazo se hubiera podido poner fin a la intervención francesa, pero la falta de recursos obliga a los Tercios a replegarse. El Francés, acongojado, toma aire. Richelieu se da cuenta de que España no va a caer fácilmente y de que, en el cuerpo a cuerpo, los Tercios hispánicos siguen siendo insuperables. Hay que buscar otra fórmula... el progreso.
En 1636, en Rocroi, la flor y nata de los Tercios Viejos españoles es aniquilada por la mejorada artillería francesa. Es en esta batalla donde muere, según se cuenta en sus novelas, el personaje de Diego Alatriste y Tenorio, fiel reflejo de una casta de hombres que ya no existe. España pierde sus mejores hombres, su arma más temida.
El Rey confía, no en vano es el monarca más poderos del mundo. Olivares se mantiene contra viento y marea, ligada su suerte a la de una Monarquía que él sabe herida de muerte. Su empeño en crear una Unión de Armas e implicar al resto de territorios, especialmente Cataluña, en una guerra que Castilla es incapaz de mantener por si misma, supondrán la puntilla al poder español. Llega el Annus Horribilis, el Año Horrible. Llega 1640.
Primero fue Cataluña, en octubre. Le siguió Portugal, en diciembre. Nuevos enemigos, esta vez son sus propios súbditos. Cuenta la leyenda que cuando al lacónico Felipe IV se le comunicó la noticia de la sublevación de Portugal, tras haber conocido la de Cataluña, se limitó a decir: "Nos contra el mundo, el mundo contra Nos" Una frase que refleja fielmente la resignación con la que el Rey, y junto a Él toda su Monarquía, asumía los golpes que no cesaba de encajar. La Reputación, ese mal que se convirtió en la perdición de España, obligaba a seguir adelante, a seguir luchando en cuantos frentes se abrieran y así se hizo.
Portugal proclamó a Juan IV de Braganza como rey y, tras ochenta años como parte de la Corona Española, volvió a caminar en solitario. Cataluña, tras una brevísima experiencia como república independiente, se puso bajo la soberanía de Luis XIII de Francia, aprendiendo por las malas que los Austrias no eran, ni de lejos, los peores gobernantes que había y es que ni el Borbón francés, ni su Privado Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu, iban a tolerar, ni mucho menos respetar, los privilegios de Cataluña. Pese a todo Luis XIII fue proclamado conde de Barcelona como Luis I, y no fue hasta 1652 que el territorio regresó a manos españolas, perdiéndose sin embargo la Cerdanya y el Rosellón, territorios catalanes al otro lado de los Pirineos... territorios en los que, todo sea dicho, hoy es difícil escuchar a la gente hablar en su lengua histórica, el catalán, cosa que no sucede por aquí "i es que molta gent, afortunadament, encara podem parlar una llengua que en els territoris francesos es va perdre irremediablemt / y es que mucha gente, afortunadamente, todavía podemos hablar en una lengua que en los territorios franceses se perdió irremediablemente"